En la línea reciente de crear electrónica de consumo cool, casi todas las compañías importantes del sector se han sentido obligadas a seguir la estela de Apple de vender ordenadores que la gente quiera comprar no porque sirvan especialmente para algo que no sirviesen sus antepasadas, las cajas beiges (beige nicotina, beige polvo fosilizado, etc…), sino porque son sexys, porque son algo que quieres tener en tu mesa o en tu salón, y quieres que lo vean tus amigos y cualquiera en general que acabe en tu casa. Así que yo, personalmente, ya creía tener entumecido el sentido de lo sexy.
Y el caso es que mira tú por dónde, fisgando por la página de Dell me encuentro con esto: El Dell Studio Hybrid. Es posible que lleve meses por ahí y yo no me haya enterado, pero las fotos han conseguido llamar mi atención. Siendo breves, un equipo sobremesa en plan chulo-design, con gama de colores a escoger (incluyendo carcasa de bambú) y que hace lo que uno esperaría de un ordenador, sea de sobremesa o no: Gama de procesadores desde Pentium de doble núcleo hasta Core2 Duo, de 2 a 4 GB de RAM, de 160 a 320 GB de disco (a unas decepcionantes 5.400 rpm), gráfica Intel X3100, Windows Vista sí o sí y opción a que la unidad óptica sea Blu Ray.
En resumen, y a falta de catarlo, un candidato más que atractivo a equipo de sobremesa todotrote, o a set-top-box en el salón para ver pelis (salida HDMI incluída) y molarse a uno mismo. Máxime, por un precio de salida -a día de hoy en la página- de 499 €. Sexy.
Esto lo encontré buscando el material para ilustrar la anterior entrada, porque el título del que hablo hoy también salió (por lo menos en parte) de las mentes de los chicos de 3D Realms -el desarrollador es Remedy, al César lo que es del César- y el vídeo en cuestión lo encontré precisamente en su web.
Al grano… Max Payne, otro de los grandes entre los grandes, mezcla de película negra moderna, cómic, y juego de acción de los que no te dejan tregua ni respiro entre disparo y disparo. Con una trama oscura y absorbente en la que Max Payne, un policía de Nueva York cuya familia era asesinada a manos de unos adictos a la nueva droga psicótica de moda, emprendía una huída hacia adelante en una búsqueda de redención, respuestas y venganza que le llevaría, literalmente, desde los más bajos fondos a las más altas cumbres de la ciudad de los rascacielos. Por el camino, nos llevaríamos por delante montañas de enemigos, gastaríamos cantidades de munición dignas de una invasión militar y disfrutaríamos de la primera aparición del ‘tiempo bala’ en un videojuego.
Y por fin, en la tradición reciente de que no haya videojuego de culto sin su película, ahora llega la versión cinematográfica. Afortunadamente, de esta no se encarga el infame Uwe Boll, sino un tal John Moore. A Max Payne lo interpretará nada menos que Mark Walhberg y la inquietante Mona Sax será Mila Kunis. Parece que estén bien encaminados (si quitamos algunas imágenes del teaser que esperemos sean de origen onírico), pero hay que reconocerles valor: Estar a la altura del original -o por lo menos, de las sensaciones que nos proporcionó-, es un reto realmente complicado.
Eso sí, echo de menos la frase de cierre de uno de los teaser del videojuego original. You want Payne? I’ll give you Payne.
Esta viene via VidaExtra, que se hacen eco de esta entrevista que publica ZERGWatch a Jon St. John, un actor de doblaje que lleva ya treinta y tantos años de carrera y que empezó como DJ de radio antes de descubrir, a mediados de los 90, que podía hacer uso de su voz para otros campos… Concretamente, en el año 94, el famoso director de castings Lani Minella le ofreció usar su voz para videojuegos, siendo Duke Nukem 3D uno de los primeros. Para el papel de Duke buscaban un ‘Harry el Sucio’ en un registro más grave… El resto es historia. La entrevista en cuestión es un interesante documento para acercarse un poco al trabajo de este tipo de profesionales, tan importantes en la industria del videojuego.
Duke Nukem, uno de los mitos más relevantes del mundo de los videjuegos -entre otras cosas por ser uno de los primeros videojuegos de masas sin concesión alguna a la corrección política-, debe sin duda una gran parte de su personalidad a este actor, que le ha dotado de su inconfundible voz. Debo reconocer, personalmente, que para mí Duke 3D es uno de los juegos con los que mejor me lo he pasado nunca, y la voz de -ahora lo sé- Jon St. John, me hizo reir a mandíbula batiente.
Más allá de la simple anécdota, este artículo me atrajo especialmente -mi trabajo involucra con cierta frecuencia el doblaje de numerosos personajes, para lo que siempre contamos con algunos de los mejores profesionales de España-. El caso es que este es un buen ejemplo de cómo cualquier detalle es vital para que un juego, como producto, sea redondo. En este caso, se produce la mejor de las conjunciones: Un productor que eligió el recurso adecuado (la voz de Jon) y un profesional que se metió dentro del juego, se apasionó con él y dió lo mejor de si mismo. Sin estos elementos, aplicados a cada detalle del juego, sería imposible que Duke Nukem 3D hubiese alcanzado los niveles de calidad que lo han hecho pasar a la historia.