La conspiración de Yuste: Hay que matar a Carlos V

fconde | 11 Noviembre, 2008

Y como parece que va de libros la cosa últimamente, pues aquí va otro… Opera Prima de Víctor Fernández Correas y posiblemente en el extremo opuesto de muchas varas de medir a mi anterior comentario. O sea, que bien :) .

“La conspiración de Yuste” es una novela histórica ambientada en los últimos momentos de la vida del emperador Carlos I de España y V de Alemania, que se desarrolla a caballo (nunca mejor dicho) entre Valladolid y el famoso Monasterio de Yuste, junto con las poblaciones cercanas: Cuacos de Yuste (Quacos) y Garganta la Olla. Fundamentada en una exhaustiva documentación previa que resulta muy visible en las páginas del libro, la novela nos narra las historias entrecruzadas de un curtidor vallisoletano que lucha por implantar una potente comunidad luterana en Valladolid frente a una implacable inquisición, los últimos días sobre el mundo de un ajado Emperador de España y Alemania y la disyuntiva que se le plantea a un capitán español de origen flamenco entre su sagrado deber de proteger al emperador a toda costa y su pasión desatada por una muchacha de Garganta la Olla que le consume y le vuelve loco.

Los hilos de estas historias se entremezclarán en un tejido intrincado pero no complicado, que nos irá llevando lento pero seguro al climax final de la conspiración para acabar con el monarca. ”La conspiración de Yuste” es, en definitiva, un buen libro; uno de esos que no te arrepientes de haber leído. El estilo es muy realista, notándose a cada hoja la minuciosa documentación que el autor ha llevado a cabo, lo que consigue transportarte con inquietante fidelidad a los escenarios en los que se desarrolla la historia. Los personajes son complejos, con motivaciones intensas y pasiones fuertes -muy de la época-, pero humanos y creíbles. Como única pega, quizá (para gustos, ya se sabe), he echado en falta algo más de ritmo y de velocidad, aunque posiblemente esto hubiese roto la impecable ambientación que el autor ha logrado.

El Testamento Maya

fconde | 30 Octubre, 2008

Hace ya un par de semanas que acabé de leer El Testamento Maya, de Steve Alten… Un libro que llevaba semanas viendo en las estanterías y que acabó en mis manos porque me pilló de bajón, con el mono de México y la Riviera Maya, atraído por la evocadora imagen de la pirámide de Kukulcán que muestra en su portada.

Y no deja de ser irónico que con mi tendencia a no fiarme de las portadas, tropiece una vez más con la misma piedra… El caso es que tras una fantástica racha de libros que he disfrutado de lo lindo, ya tocaba encontrarme con alguno que no me gustase. Y la verdad es que El Testamento Maya no me ha gustado nada de nada.

Para que me guste un libro de este tipo (teoría de la conspiración, misterio histórico, mensaje oculto entre las piedras que nadie ha sabido entender durante siglos), tiene que conseguir ‘convencerme’: presentarme una plausible cadena de acontecimientos, coincidencias o hilar una ficticia pero fina estructura que haga todo el asunto creíble y apasionante. En este caso, desde el principio hasta el final, el libro erige un gigantesco castillo de naipes sobre arenas movedizas y acaba derrumbándose sobre sí mismo. Personajes inverosímiles y más planos que un sello, trama poco convincente, acontecimientos rayando el absurdo y una notoria falta de documentacion y conocimientos de los temas tratadados (errores de bulto sobre la cultura Maya, desconocimiento de las tecnologías que menciona…). He de reconocer que no estoy siendo nada misericorde, pero la verdad es que, en mi humilde y subjetiva opinión, El Testamento Maya se trata de un título muy prescindible cuya notoria y masiva presencia en los lineales de las librerías y centros comerciales no deja de sorprenderme. Una pena.

¡Preparen todos los cañones! ¡Piratas a babor!

fconde | 11 Septiembre, 2008

Puede que el título del post resulte chocante, pero se trata de la táctica empleada recientemente en inglaterra por cinco de las más importantes  empresas del sector del videojuego contra las descargas ilegales de sus productos. La noticia ha sido sonada en toda la prensa, y es que sutilezas las justas, el mensaje es claro: 25.000 usuarios británicos de programas de intercambio de archivos recibirían una carta en la que se les comunicaría que, o pagan 300 libras por compartir ilegalmente software de alguna de ellas, o bien acabarían en juicio. La sincronización de la acción era muy buena, pues la misma semana una simple desempleada, madre de dos hijos, acababa de ser condenada a pagar más de 20.000 euros por descargar un videojuego de la red. Resumiendo, paganos ahora 300 libras y aprende la lección, o páganos luego 16.000, que seguro que así no se te olvida. 

No sé muy bien en qué habrá acabado la maniobra, pero tampoco me importa demasiado. La maniobra en sí, es lo que me importa. Trabajando en la industria del videojuego, evidentemente, la piratería, en los extremos que ha alcanzado, me toca mucho las narices… No se puede negar que dejarte los cuernos varios meses en un producto y luego recibir datos que dicen que siete de cada diez personas que lo han jugado no se han molestado en comprarlo, desmoraliza bastante… Especialmente si no te estás haciendo precisamente rico con ello, que es lo que nos pasa a todos los currantes de la industria del videojuego. Pero aún así, me parece que una maniobra que comienza con sacarle la pasta a una madre desempleada y continúa amenazando de mala manera a 25.000 de tus potenciales clientes no es lo que yo llamaría una buena idea.

Si la industria discográfica nos ha enseñado algo es que abrir todas las troneras, asomar las bocas de los cañones y soltar una andanada a mala baba contra el público en general tiene malos efectos sobre tu imagen pública y además, no consigue nada. Cuando un cliente no quiere comprar, el movimiento lógico es ofrecerle algo que le haga cambiar de idea, no obligarle. Es más, tratar de obligarle sólo conseguirá que esté mucho menos receptivo a cualquier oferta que puedas hacerle.

Es evidente, por lo menos para cualquiera que esté dentro, que la piratería nos está dando bien de caña, pero las soluciones no pasan, en mi humilde y personal opinión, por atacar al usuario. Se está produciendo un cambio de ciclo, y lo que se vendía antes ya no es lo que el usuario demanda ahora. El problema es encontrar el modelo de negocio, encontrar el producto que los clientes quieran comprar y pagar su dinero, duramente ganado, en ello.

A partir de aquí es donde el post se pondría interesante, si yo tuviese la fórmula mágica o por lo menos una idea brillante. Pero no, me temo… Lo único que puedo añadir a esta entrada es que la noticia me ha estado rondando por la cabeza desde que salió a la luz, porque cuando la industria discográfica comenzó sus tácticas de mano dura contra los usuarios recuerdo que pensé “no me gustaría formar parte de ellos”. Y espero poder seguir pensando así; en tercera persona, la verdad.