Assassin’s Creed

fconde | 11 Febrero, 2008

Uno de los propósitos de año nuevo que me hice estas navidades fue jugar más. Y lo hice por dos razones… Una personal, pues mis hobbies han ido perdiendo terreno frente a las obligaciones diarias, y necesitaba recuperar espacio personal en este sentido, más aún teniendo en cuenta que lo que era mi hobby se ha convertido en mi trabajo y corría el riesgo de acabar perdiendo el hecho de jugar por placer. La otra razón, meramente profesional: Este sector, como casi todos, requiere un porcentaje muy alto de pasión por lo que se hace y un aprendizaje continuo. No podía permitirme no seguir de cerca las últimas tendencias y revoluciones que están sacudiendo el mercado de los videojuegos.

El caso es que con su habitual don de la oportunidad, mi mujer apareció con un apetitoso regalo navideño: El Assassin’s Creed para 360. No se si queda mucha gente que lo desconozca, pero este título ha hecho correr ríos de tinta y fluir gigas de datos, amén de desatado polémicas sin fin (en GameRankings se listan puntuaciones desde 50% hasta un 100%).

Me limitaré pues a dar mi humilde opinión: Assassin’s Creed es un título que hay que jugar para sentirle el pulso a la nueva generación de videojuegos. Su jugabilidad sin fisuras, su historia de fondo, compleja y absorbente, su mezcla magistral de ciencia ficción dura con el mundo medieval de las cruzadas y su acabado técnico son un espectáculo que ningún aficionado debería perderse.

Podría hablar de decenas de sensaciones agradables que este juego me haya proporcionado; desde las que surgen de su jugabilidad pura: pasear por las callejuelas de Jerusalén, Damasco o Acre; correr y hacer acrobacias por sus tejados; meterme en sus espectaculares y coreográficas luchas a espada, planear una aproximación a un objetivo; el vértigo de saltar a plomo desde una atalaya… Hasta el impulso de seguir jugando sólo por desenvolver ambas tramas… La que se desenvuelve en el pasado y la que desenvolvemos, muy sibilinamente, en el futuro.

Pero sobre todo, lo que más me ha llamado la atención es la sensación de control absoluto sobre el personaje que se ha conseguido: Controlar a Altair acaba convirtiéndose en un acto reflejo; trepar a lo alto de la catedral de Acre, saltar de viga en viga por los tejados de Damasco, sorprender por la espalda a un enemigo y acabar con él en medio de una multitud sin que nadie se de ni cuenta o batirse el cobre contra siete enemigos a la vez se hace casi intuitivo. Lo suficiente como para que me lo haya pulido de un tirón en apenas una semana jugando sólo a ratitos antes de acostarme.

Lo dicho, no puedo dejar de recomendarlo. Y un aviso: El final no dejará indiferente absolutamente a nadie.

Deje un comentario

usted puede usar estos tags : <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>